domingo, 8 de marzo de 2009

lección breve sobre estímulos, acción y reacción, y demás estupideces que le pasan a un niño curioso

Por ahi de los 5 a los 9 o 10 años por mi casa anduvo rodando un perfume de mi mamá, que la verdad es que ni lo usaba, creo que la final lo regaló. Era un frasco mediando, de cristal, con una etiqueta negra y un árbol dorado en ella.
Yo tendría creo que nueve años un día que tenia el frasquito en mi mano, no conocía muy bien el mecanismo que hacia que la valvulita aventara el perfume, es decir, dentro del frasquito había un tubito transparente por donde pasaba el perfume para ser expulsado por la válvula cada vez que presionabas la misma. Suena muy evidente pero a esa edad no lo era tanto.
Lo que quería era apretar la válvula y lograr ver el pérfume viajando a travez del tubito, así que pegue mis ojos a la válvula para captar el preciso momento, parecía cosa fácil, lo que jamás me pasó por la cabeza es que el punto de expulsión de la válvula tendría que estar dirigido a cualquier parte excepto a mis ojos.

La curiosidad mató al gato, a mi casi me deja ciego.

2 comentarios:

  1. cueris! luego te cuento cómo fue que me encajé un lápiz en el paladar.

    la palabra de verificación ahora fue beater, está bien chido

    ResponderEliminar
  2. jua jua jua..

    yo me caí de un pasamanos.

    quería pasar sin manos ¬¬

    ResponderEliminar